martes, 25 de marzo de 2014

Julio P(r)osa

'Mecanismo Onírico del Lenguaje'
Sus labios se despegan lentos y torpes, dejando entrever dos paletas simpáticas que sobresalen blancas y que, si consigues fijarte, se puede ver restos de carmín en una de ellas. Son ligeros pero firmes, pesados, suaves e ingrávidos, se resbalan por el aire mientras se achican los ojos y se frunce el ceño. Aparece la lengua al fondo, parece húmeda, viva, independiente. Casi brilla. Se mueve temblando el aire, amenazante y en coordinación con la mirada, con los hoyuelos y las patas de gallos. Va a hablar, prepara la coraza. Toma aire, lo transforma en un suspiro y proclama <<puta>>.


'Dormida'
Siempre he querido pensar que no ignora que la deseo. Que simplemente lo sabe y deja que fluya como un arroyo sucio o un vómito teñido, así son las divas supongo. Y debe ser así, no hay otra, yo me refugio en su elegancia y ella en mi osadía. Seguro que siente miedo por cómo la imagino pero no lo dice por no rebajarse a mí. Debe guardar mis cartas bajo su cama, leyéndola antes de dormir y jugando con sus dedos a ser Dios. Mírala, ahí, tumbada, con los ojos cerrados y la cara blanca. Con esos tubos por la nariz, la bata de hospital y esas manchas moradas. La miro y no cabe duda, sabe que estoy aquí, observándola, como todas las mañanas. Estoy convencido de que se está haciendo la dormida.


'Odiablemente Feliz'
 - Lo enfermo es cuando ese punto crítico de autodestrucción se convierte en un refugio sadomasoquista, en una terapia suicida.
 - Pero me encanta odiarme doctor, a mí y a todo lo demás, empezando por usted. Yo me levanto siempre a las seis, blasfemando por el madrugón, la temperatura y por no encontrar las zapatillas (le confieso que la noche antes las escondo para darme el placer). Me aseo y me asqueo por mi cuerpo, me ducho a oscuras porque lo odio, y desayuno los restos de la cena de ayer, deseando estar muerto. Enciendo la tele, a veces me meto los dedos en la garganta y le vomito encima, insultando al presentador de turno, a la guarra que lo acompaña y a la directora que se la chupa bajo la mesa. Cojo fuerzas doctor, me peleo con mi jefe por faltar al trabajo, lo pongo a parir a él, a su empresa de mierda y a nuestra familia (trabajo en la empresa de mi cuñado). Luego escribo en mi blog todo lo que se me ocurre, empezando siempre por mí. Odio la vida, odio la muerte (de ahí que desista al suicidio), el amor, el cine, la canela, la verdad y la mentira, la terapia, las palomitas quemadas, las órdenes, la pasión... Y no se crea que venga por gusto, ya saben que me obligan, y aunque me abra con usted, lo odio... Y ya me he perdido, ¿por dónde iba?, odio perder el hilo de la conversación. ¡Ah si!, el clímax del día es el Telediario. Los veo todos, en diferido y en distintos idiomas. Tan sólo me retuerzo en el sofá odiando la puta existencia y la puta humanidad. Puedo pasar horas blasfemando y tirándome de los pocos pelos que me quedan. Mis ex – amigos me decían que tenían que encontrar mi sitio en el mundo pero yo ni siquiera quiero encontrar mi lugar, odio sin excepción a toda la gente que lo ha encontrado. Mire doctor, yo no quiero curarme, me gustar odiar, me hace sentir odiablemente bien. De hecho, soy yo el que debiera curarle a usted, porque en el fondo, sé que me odia, a mí, a su oficio, a la gorda de su mujer, el cuadro de mierda de la pared, a su sueldo, su jefe, la política, su país y a sus hijos incluso. Reconózcalo, odia hasta a su madre, no lo puede controlar, y seguramente esté deseando echarme de aquí porque me od...
- Hemos terminado.


'Goloso 69'
Despierto. Limpio los lamparones de semen de mi pijama y desayuno un plátano. Pongo a descargar cine X, limpio el lubricante de las sábanas y corrijo el artículo del Kamasutra de Wikipedia. No olvido mi lado romántico y me perfumo la mano antes de las pajas, después bajo a comprar condones sabor gloria. Recorto imágenes y las pego en mi diario y ligo en Internet con el nombre de 'Goloso69'. Hasta aquí todo correcto, mi rutina me domina sin pensar. No obstante, fue justo cuando abrieron la puerta de mi habitación mientras recreaba la escena de la mantequilla de 'El Último Tango en París' con mi propia mano, cuando mi rutina se vio quebrada, acudiendo a mí dos ideas reveladoras:
  - Mi epitafio: 'A chuparla'
  - Tengo que mudarme de casa de mis padres.



Juan Íñigo Gil
Marzo14

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