martes, 17 de diciembre de 2013

Vincent 13º Parte.

Vincent Parte 13º

 Imagina un cuchillo oxidado, rechinar sobre el capo también oxidado de un coche, ahora pon un micro grabando ese sonido y conéctalo a unos auriculares a máximo volumen, ponte los auriculares. ¿Desagradable verdad?.

Pues algo sumamente parecido, experimentó  Eléonore cuando a la mañana siguiente la despertó su despertador. Últimamente la despertaba cuando le daba la gana.

-Joder… ¿Qué hora es?....!oh mierda! ¿Otra  vez?...ahhh!!

 Cogió el despertador con la mano derecha y lo tiró hacia el armario, pero con tan mala suerte, que rebotó en una de las molduras y se desvió directamente al cristal de la ventana. ¡CRASH!.

-         - Ho dios… ¿En serio?...joder…el maldito cristal…

 Se vistió con lo primero que tenía a mano, unos vaqueros y encima un semi-vestido naranja con las mangas largas, no se peinó siquiera y fue soltando maldiciones conforme bajaba la escalera de su casa, hasta llegar a la entrada. Allí había terminado su despertador tenía el cristal roto y se le habían salido las dos pilas, que estaban esparcidas por la entrada del jardín.

 Se puso a buscar las pilas, encontró una y la otra la divisó desde lejos, estaba al lado del buzón.
Cuando llegó junto al buzón recogió la pila y justo cuando la levantaba del suelo, observó que habían dejado correo, era un sobre de una revista de medicina, lo abrió para curiosear y analizó lo que venía dentro, la revista en cuestión, un pequeño folleto de información sobre nuevos analgésicos, y una carta de agradecimiento por la suscripción, por lo que ponía la carta la revista había cumplido treinta años y esa edición que había dejado el cartero aquella mañana, era una edición de regalo como agradecimiento a los seguidores más fervorosos.

-Valla, papá está de viaje, justo el día que su revista cumple treinta años, no entiendo nada la verdad…que vida…

Pero un pequeño detalle en el remitente, sugestionó la mente de Eléonore, aquel sobre con todo aquello tenía un remitente que no correspondía con su casa, la dirección decía el 25º de ésa misma calle. Para su sorpresa, esa dirección era la del chico con el que se intercambiaba miradas difusas cada día. No lo pensó.

Abrió la gran cancela de hierro y salió a la calle, el sol se reflejaba en las aceras húmedas de la calle y todo brillaba con fuerza, se podían ver pequeños círculos de newton en los reflejos de las gotas de agua de las ventanas y coches.

Entró en el bloque de pisos, por suerte no tendría que buscar mucho, los pisos de aquella calle solo tenían tres apartamentos, y así se iban repartiendo a izquierda y derecha de la calle.

El 25º se encontraba en la segunda planta, por el aspecto de las escaleras y paredes no parecía que allí hubiera mucha gente alojada, estaba más bien algo descuidado, pero no le importo y subió.

Justo al subir las escaleras se plantó en el pasillo de la segunda planta, el pasillo tendría cinco metros aproximadamente y la puerta del piso se encontraba al final de este, pegada a una ventana que se había construido en la fachada del bloque, que daba a la calle. Entraba una empolvada y cansada luz por ella, iluminaba en gran medida aquel pasillo, que de no haber tenido allí esa ventana estaría en penumbra.

-Bueno…Eléonore…aquí estamos…plantada delante de la puerta de un extraño….con una revista que le pertenece y la vergüenza, de haber estado mirándolo día tras día.

En un primer instante dudó, pero terminó llamando al timbre. No sonaba nada.

-Esto parece que está roto…que mal.

Terminó llamando con los nudillos.

 No había respuesta aparente, volvió a llamar y ésta vez escuchó a alguien maldecir algo dentro. Notó pasos acercándose a la puerta y como la cerradura luchaba en su interior haciendo crujir todos los mecanismos, para que al final hacer el clic de apertura. Silencio.

Villagrán13

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