domingo, 15 de diciembre de 2013

Vincent 10º parte.

Vincent 10º parte

La noche deprime a Eléonore de una manera muy significativa, si bien es cierto, ella puede hacer que con un poco de imaginación y alguna que otra tontería, esta situación cambie.

Pero hoy no, se había llevado toda la tarde leyendo poemas, tomando café y sentada en la mecedora de su cuarto mirando por la ventana de con suma curiosidad. Una curiosidad que se centraba en aquel humilde piso de la acera de enfrente. En alguna que otra ocasión se había encontrado al chico que vivía allí en la misma situación que ella, mirando por la ventana con una mirada aguda y curiosa también. En principio pensó que era un mirón y que aquello constataba una clara carencia de modales cívicos por parte de aquel individuo.

Aunque esta visión se fue tornando menos áspera con el paso del tiempo, conforme pasaban las semanas aquellas miradas insolentes y poco sutiles, se convirtieron en la única compañía que Eléonore podía tener, puesto que su padre andaba siempre de viaje y su madre un tanto de lo mismo, en ocasiones se sentía como una posadera, que tuvieses que estar lista para servir a su padre y a su madre en el momento en el que llegasen a casa, como si se tratase de clientes de lujo.

Lo espiaba con ojos silenciosos en los recreos y rehuía  de su mirada si se daba la ocasión del contacto visual directo. Había tomado la costumbre de llegar del colegio y lanzarse nerviosa a la ventana de su habitación esperando ver aparecer de nuevo aquellos ojos misteriosos alojados justo en la ventana del piso de enfrente.

Aquella noche pasó algo parecido, se había llevado toda la tarde esperándole pero no aparecieron sus ojos hasta muy pasada la tarde-noche, así que harta de sentada en la mecedora, tomo el somier de su cama y lo arrastró hasta la ventana. Se tumbó en la cama y pegando la cara casi al cristal se quedo mirando la luz manchada de la ventana de enfrente. Había despejado un poco del empañamiento de la ventana con una manga de su camisa, y miraba a través de éste impaciente.

Soltando un suspiro empezó a recitar diversos pensamientos en voz alta.

-me encantaría hablar con él…o al menos escuchar su voz, parece tan apenado y meditabundo que no soy capaz de encajarlo con un tipo de voz en concreto.

 En la ventana de enfrente, el único inquilino de aquel piso se percató de la expectación que estaba causando y acercándose lentamente a la ventana, se posicionó recto y completamente rígido frente al cristal, tuvo el atrevimiento de quedarse con la mirada fija en los ojos de Eléonore,  ésta se quedó tan cohibida, que solo pudo permanecer inmóvil y hierática, esperando a que el agujero que aquel chico había realizado en el vaho de su ventana, desapareciera cubierto por la neblina de  su propio aliento. 

Aquello resultó ser sumamente confuso para ambos.

Así que cuando el contacto visual volvió a desaparecer entre ellos, aquel chico bajo con aspereza, la persiana de madera que asomaba carcomida en el marco de la ventana. Fin de la función.
Simultáneamente Eléonore se giró boca-arriba y se quedo dormida escuchando el compás de las gotas de lluvia estrellándose contra la ventana, solo un rayuelo de luz lunar iluminaba la estancia de Eléonore, pero para ella era suficiente.

No podía ser de otra manera, se había acostumbrado tanto a comer y ser comida con la mirada que, se había vuelto adicta a aquella actividad tan inusual, sin su dosis diaria de mirada el sueño se le antojaba difícil e imposible, pero aquella noche durmió plácidamente, tanto que si de un bosque se tratara podrían posarse mariposas sobre su pecho sin necesidad extrema de perturbar su sueño.


Villagrán13

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