Our wasted time parte 15º
Han pasado dos meses y medio, la vida de Marvin sigue
siendo, un conjunto cuadriculado de horarios, tramos de trabajo, descansos para
comer, y una eficiente y productiva actividad escolar. Es Sábado por la mañana, hoy no tiene nada
que hacer, de hecho son las doce de la mañana, y ya ha cumplido con sus tareas
de cara al lunes, está sentado en la cama de su habitación, sus ojos están
clavados en el suelo, y una fina línea de luz se cuela por una rendija de la
ventana, le da directamente sobre la boca, iluminándola, dejando entrever una
expresión cansada y un jadeo lento pero constante, mil pensamientos recorren su
cabeza.
No puede evitar revivir las conversaciones vacías del colegio, ni
olvidar las miradas frías y de desprecio del resto de sus compañeros, hay miedo
en su interior, pero también un odio visceral y ciego, que está comenzando a
agitarlo profundamente.
La Señorita Cassie se le viene a la mente constantemente,
siempre está ahí, puede recordar con completa lucidez las clases enteras, cada
palabra que dice, como le mira, puede sentir como su implicación por el
alumnado le llega al alma, aún así de no tenerla en frente, explicando ningún
tipo de materia. Tres frases resurgen una y otra vez en sus pensamientos,
frases que se han ido exacerbando con su ética poco a poco a lo largo de éste
mes.
—
“El valor del bien común en ocasiones retrasa el
fruto personal, hay que encontrar el equilibrio perfecto, para no dejar de ser
productivos”
Sus manos aprietan su cabeza lentamente, hundiendo sus dedos,
entre los mechones de su pelo, su pulso se está acelerando, se está clavando
las uñas sobre el cuero cabelludo, pero no le importa. Los flashes vuelven otra
vez.
—
“ Nuestra implicación determina, el merito de
cara al resto, no hay reconocimientos sin implicación máxima, puesto que el máximo
es la clave del éxito”
La cama está revuelta, todo está hecho una verdadera
porquería, las Virtual life están
tiradas en el suelo partidas y con los cristales repartidos por todo el suelo
de la habitación, una vena verdosa, aparece latiente en el cuello de Marvin,
cada vez que un latido, sale de sus aurículas, ésta se hincha con premura y
reivindica su posición a lo largo del cuello.
—
“ La religión y el amor nos aleja de nuestra verdadera labor, debemos proyectar
nuestras metas, siempre un paso por delante de nuestras posibilidades, solo
trabajando sobre lo imposible, podremos acercarnos finitamente a su propia
esencia”
Una caja de Fine mind vacía,
reposa hecha trizas sobre la mesa de estudio de Marvin, junto con esta, lápices
roídos y trozos de uñas, decoran con ansiedad la superficie de la mesa, Marvin
deja escapar un pequeño salivar por la comisura derecha de su boca, tiene la
cara encendida y una risa nerviosa comienza a aparecer lentamente.
Puede recordar una
conversación de lo más particular con Tracy, la chica que se antojaba diferente
al resto del mundo, fue una de esas conversaciones que aparecen sin querer
aparecer, incluso ahora después de “Todo”, se sigue planteando cada palabra de
aquella conversación, ocurrió yendo de camino al colegio, una mañana:
Medio mes antes:
—Buenos días
Marvin está callado y sigue manteniendo su marcha imparable
hacia el colegio, con la mirada baja, pues la luz del sol prácticamente le deja
ciego, cada día se le ha hecho más molesta, desde que empezó a tomar la nueva
generación de píldoras.
—
¿Sabes? , añoro esa época que nos cuentan
nuestros padres y abuelos, en las cuáles las personas aún hablaban entre sí,
aunque no hubiera nada de lo que hablar…
—
Es en ese tipo de cosas en las que radica la
estupidez humana, en “ perder el tiempo”
—
Me sorprende que hallas abierto la boca Marvin…
—
No te acostumbres, y menos me llames por mi
nombre, es puramente casual que estemos manteniendo esta conversación, sé que
no vas a cerrar la boca, por mucho que te lo diga…
—
Bueno al menos ahora hablas, antes directamente
me insultabas,
—
Nadie ha dicho que no pueda seguir haciéndolo
—
Dudo que lo hagas, de hecho dudo que hagas algo…
—
¿Qué dudas que haga algo?, seguro que no dices
lo mismo, cuando la mierda te llegue al cuello, y yo me encuentre entre la
promoción de honor, para pasar al siguiente curso…
—
Ves, a eso se resume tu vida…a nada
—
¿Nada? , eres una jodida ignorante Tracy, me das
lástima, gracias a dios, que el filtro escolar es suficientemente bueno, y los
elementos como tú se quedan fuera
—
Estas ciego, todos los estáis, estás trabajando sobre la misma red de mentiras que
ellos, no tienes un juicio crítico, ni moral propia, te están infectando, con
sus químicos, y no te das cuenta, están haciendo de todos, un ejército de
autómatas…
—
Mira, parece que no vayas a clase, me sigue
sorprendiendo que te hayan dejado entrar
al colegio, eres la antítesis perfecta de lo que nos enseñan, ¿No
estarías mejor, trabajando como una puta en el registro uno? , quizás haya alguien
que quiera escuchar tus reflexiones idílicas y revolucionarias
—
Créeme que llamarme puta, no te va a ayudar a
degradarme, de hecho vuelvo a dudar que en esa cabeza que tienes, sepas
insultar siquiera, seguro que tienes el cerebro podrido…
—
Es el futuro lo que importa, y tu desde luego no
tienes mucho
—
¿Cómo?...¿Cómo puedes llamar futuro a esto?, no
es más que una manipulación social, ¿no te das cuenta?, has dejado de pensar,
has dejado que ellos pongan en ti los pensamientos que creen más adecuados , tú
, no actúas por ti, actúas para con ellos, no hay voluntad alguna, ¿Hasta dónde
llegaras para cosechar éxitos? ¿Hasta dónde
vas a llegar para ser el mejor? ¿De verdad te llena esto?
“¿De verdad te llena esto? , ¿De verdad…te llena esto? ¿Marvin? “
La conversación que tuvo con Tracy, asoma de vez en cuando
por su cabeza, y lo torna desequilibrado, iracundo y sudoroso, sudoroso. Así, se
encuentra toda la línea media de su espalda, una escorrentía de sudor que emana,
desde el nacimiento del pelo hasta su coxis, toda la espalda empapada, la
camiseta blanca que llevaba puesta, empieza
a transparentarse y se ve su piel, temblando y castigada por la
ansiedad.
Un piloto rojo se asoma por una pestaña del ordenador, la
pestaña se llama The final, un chat
impaciente parpadea una y otra vez, sin
parar. Un usuario escribía mensajes una y otra vez, llamando a Marvin a través
del espacio digital.
—
Déjame en paz…— susurra con las manos tapándose
la cara
Pero el ruido del chat, no hace más que sonar y sonar, como
una campanita insaciable y descontrolada, que va a su ritmo, y se acelera y
desacelera cuando le viene el gana.
—
¡Déjame en paz por dios!...por favor
Marvin se levanta y arranca la pantalla del ordenador de la
mesa, la estrella contra la pared. Comienza a gemir, y lanzar pequeños grititos
de desesperación, se tira al suelo y apoyando la espalda en pared se encierra
en sus rodillas y no puede evitar llorar con más agonía, entre lágrima y
lágrima y gemido descompasado se cuela irritante, entrecortando la respiración.
Una terrible sensación ardiente comienza a subirle por el esófago,
y ahí está. Un amarillento vómito mezclado con el verdor de la bilis, comienza
a salir de su boca desencajada por el esfuerzo de contraer el estómago,
comienza a perder la visión y se desmalla, cayendo inconsciente sobre su propio
vómito, oscuridad.
Villagrán14
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