Cafeína
Desde entonces no puede parar de reír cada vez
que alguien le pregunta “¿solo o con leche?”.
En-tra-mado
Caminar ligero, mirada ausente,
sonrisa torcida y un abismo en sus pupilas. Quién pudiera entrar a desentrañar
las trampas de sus entrañas escondidas tras aquella traviesa fachada. Quién
pudiera entretenerse en el trémolo de su voz entretejida entre triunfantes
trinos y risas. Ser atril de sus atributos color trigo, salir al encuentro de
sus adentros en noches atropelladas, ser el rayo que trunca la oscuridad y
desata los truenos más feroces… Pero aquí sigo, en un trabalenguas sin tregua,
un triste trovador constructor de fantasías, un truhan destronado, un Tristán
sin su Isolda, entregado por traidor.
Escondite
Ven. Siéntate. Escucha. Toma esto.
Llévalo donde nadie lo encuentre y escóndelo. Luego escóndete donde hablamos
antes, no dejes que nadie te siga. ¿Me has entendido? Está bien. No, no tengas
miedo. Esto lo hacemos por mamá. Es muy importante. Vale. Nos veremos muy
pronto. Venga, que ya están llegando. ¡Ahora corre!
De primera mano
- …que si alguna vez fuere yo
sujeto de semejante superchería, bien cara pagaría la afrenta.
- Cálmese señor, esto no tiene
nada que ver con el señor Argote. Y envaine ese florete, si es tan amable. Le
hemos traído a nuestros días porque tenemos unas cuantas preguntas que hacerle.
A pesar de mucho discutir, no hemos conseguido ponernos de acuerdo sobre lo que
quería decir en algunos de sus poemas, así que hemos concluido que sería mejor
preguntarle a usted mismo. Eso de la nariz superlativa iba por Góngora,
¿verdad?
Residuos
Quién le iba a decir a Klaus que acabaría
viajando a distintos sitios al mismo tiempo. Lástima que fuera en camiones de
la basura.
Lejos (2º puesto en el concurso de microrrelatos del CMU Loyola)
Aquel verano las golondrinas no
hicieron sus nidos en nuestro patio. Nos quedamos sin los gorriones sobre los
cables de teléfono. Las cigüeñas desaparecieron de las torres de alta tensión.
No se oía el graznido de las gaviotas en la orilla. Todos volaron. Lo sabían.
Roto
Les miro desde la esquina del parque.
El crío se asegura de que su madre está pendiente antes de tirarse por el
tobogán. La incertidumbre del qué pudiera haber sido sólo consigue dibujarme
una triste sonrisa en la cara. Ella me ve, pero no me reconoce. Tengo que irme,
no puedo seguir arriesgándome. Hasta dentro de otro año, Oliver.
M. G. Ferrer
Mayo 2014
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