Se dice que es la “expresión o manifestación
contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”.
Y decidme, si lo que se sabe puede ser
relativo, lo que se cree puede ser un error y lo que se piensa es simple azar
de una extraña curiosidad por desvelar lo que nos rodea ¿qué es la mentira?
Puede que la mentira sea la respuesta que
andamos buscando, dogma por el cual se mueve todo pensamiento racional.
Lo contrario puede definir lo que es…
¿correcto? O… ¿verdadero? Es la mentira por lo tanto, ¿necesaria para la
existencia de lo aceptado como “verdad”?
Podría afirmar que somos humanos porque no
somos monos. Tanto una cosa como la otra ha sido definida para poder
diferenciarla, lo que me resulta curioso es que al mismo tiempo que
diferenciamos las cosas, a su vez, tienen el poder de otorgarle veracidad ante
juicios.
Delimitamos la realidad a base de definirla e
implantar nuestra visión, aunque esta pueda omitir algo tan importante, como la
mentira.
Decir que algo es de una forma porque otra no
es igual a esta, me resulta absurdo, definitivamente creo que lo es. Por lo que
me planteo cómo hemos llegado tan lejos.
Nuestro mundo, nuestro peculiar y transformado
mundo necesita tiempo, el tiempo que lleva errar hasta conseguir que este se
muestre tal como queremos… ¿dónde está el límite de lo real, de la verdad… de
la mentira?
Tal vez el límite está en cuanto podemos
mentirle a la realidad, en lo que el ser humano es capaz de extraer de su
vigorosa imaginación.
Pero por desgracia hemos inventado la forma de
identificar millones de mentiras, hemos logrado la forma de controlar cada una
de ellas con una simple combinación de números y letras.
Somos seres inseguros, por lo que necesitamos
bases sólidas como las matemáticas, un sistema a prueba de mentiras, el cual es
riguroso en su cometido.
Si te asignan un número no puedes escapar,
estás identificado con ese poder tan absurdamente absoluto y tan conformes y
contentos lo aceptamos, aceptamos todo lo que se ha de aceptar porque es
correcto.
Si lo modificas, es “mentira” y esta se vuelve
delito, por lo que el hecho de mentir a esta realidad definida sobre base
matemática se torna oficio de especialista.
Miro un momento por la ventana, observo la
televisión y me pregunto ¿quién ostenta el poder sobre lo que es correcto? Yo
nado en un mar de decisiones que no han sido tomadas por mí, acepto verdades y
mentiras, solo el tiempo determina si he sumado correctamente o por el
contrario he vuelto a errar.
Te brindan el concepto de libertad, “facultad
natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar,
por lo que es responsable de sus actos”.
Me es curiosa esa última parte “responsable de
sus actos” responsable: obligado
a responder de alguna cosa o por alguna persona. Me resulta tan graciosa la forma
que posee el ser humano para definir la mentira que estallo de risa.
Si la libertad conlleva obligación, nunca seremos libres,
porque la única manera de que la libertad exista es que esta no interactúe con
nada.
Mientras que la palabra de los hombres camina con una
peculiar libertad, muchos la aceptan tal cual, lo que les hace presos de una
mentira aceptada: nuestra verdad.
Anónimo
(Enviado a blogredactos@gmail.com)
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