domingo, 21 de julio de 2013

Lobos, patos y hormigas.

 Como lobo enfermo, aúllo y vomito palabras vacías, linternas que oscurecen y decoran este folio del color de la cal al que me he propuesto rellenar. Para perpetuar un mensaje hosco e incoherente sobre la superficie inmaculada de una secuoya, afilo mi pluma, una navaja que deja tras de sí, balbuceos y otra clase de excrementos. Trazo con sangre azul con la misma habilidad con la que un tuerto calcula distancias. Soy licenciado en diseño de pocilgas. Soy partícula en suspensión que carece de la masa suficiente para alcanzar el fondo. Soy nube negra creadora de charcos para patos. Soy escriba enclenque de pocas luces y de muchas sombras. Soy sopa insípida, regusto del paladar inexperto.

La vida o la falta de ella es el principal ingrediente de mis composiciones, como un prisionero liberado que sólo sabe festejar su libertad y recordar su encarcelamiento. Un joven que vive entre barrotes de plastilina. Un pelota cuadrada. Soy un jazmín con disfraz de abeto, flores en luto y de esencia muerta, que asiste a su propio funeral, trajeado, con la calidez de un invierno en Noruega. Una corbata con nudo corredizo, un hormiguero sin hormigas, aguardiente que baja por la garganta de un catador de vinos. Un esquimal sin abrigo, un helado derretido, un maratoniano sordomudo, cojo y ciego. Soy la voz de un anuncio de teletienda. Soy el diseñador del abrefácil.

Soy confusión, soy vida, imperfecta, natural, por ello, ser, sigo siendo y ser, seguiré siendo. Y sólo ser, dejaré de ser, cuando olvide como abrir los ojos y embarque mi último viaje hacia la nada.

Cianuro para desayunar

El desvalorado arte de decir "poblema" acompañaba esa boca cateta que hacía de buzón intermitente y olía a ferretería pueblerina. No muy lejos, sus labios casi no se rozaban por asco y sus dientes, roídos por la cal y los años, parecían un mar de chinchetas disperso entre la oscuridad de sus fauces. Dentro de su tesoro oral custodiaba con soberbia ese flujo de miel que bañaba su dentadura y rodeaba con decoro el culo de un cigarrillo robado, clave de su maquinaria poeta. Pese a ello y su innata manía de cecear, aquel viejo sonámbulo de plazas al sol y burdeles de desvelo no hacía más que dejar escapar golondrinas disfrazadas de palabras, disparos de sal y baladas macabras.  Su escasa melena, aún en imperante niñez, era un ramillete de huracanes en cautividad planeando la fuga de su andar torpe y su equilibro coreografiado. Escribía en un soplo de arroz, rimaba savia con carraspeo, fantasmas con deseos, pasado con destierro. 


Sus pies eran herramientas de pesca, goteando como lata de atún de despensa de abuela, agonizando en perfecta controversia con sus pestañas de marfil y su mirada de rayo de Luna llena.
Sus manos, descritas en la página de sucesos como un mar agrietado por el éxtasis más bellaco, resultaron el preámbulo del asesor del pecado, del ascensor ensangrentado. La manicura de formol y las uñas cosidas por la crudeza putrefacta de aquellas pecados alabados y la exaltación de aquellos gritos al cuadrado.

Pánico en el templo, la mirada asfaltada, un ego sin gravedad y la espalda resquebrajada.

Siempre alerta: el rencor desafinado, la sonrisa destemplada y los versos desenvainados… Y antes de pedirte fuego ya te habrá robado el mechero.



Entre deshielo de copas y cráteres cardíacos afirmaba haber bajado el precio de sus sogas para los hombres cornudos que juraban cordura a sus gordas mujeres sudadas. Él carecía de una por “haber matado ya demasiados agujeros”, tal y como gritaba en verbenas de inocentes, donde se desahogaba bajo el eco de un “te espero” y corría tras las monjas de primer año gritando “¡Manos arriba, esto es una misa!”



A sus espaldas le perseguía un ejército de sombras en la oscuridad, de molinos con ansias de revancha y cualquiera de esos Dioses de rebajas y de rodillas haciendo penitencia en busca de su perdón,  de amnistía para un amigo creador y portando el cartel: “Apadrina una mentira”. Al frente le avizoraba un mundo cuya mitad le debía unas disculpas y la otra media una respuesta. A la altura de su ancla dislocada, con la boca bien abierta, acechaban aquellos que juzgan la voz del mudo y la caligrafía del poeta, los mismos lobos afónicos que hablan con la claridad de un hombre bueno y la contundencia de uno malo.


Cianuro para desayunar, el alma de caoba y el medio ocre.  La frente tatuada: “Agitar antes de usar” y la lengua arañada y obsequiada a la Luna como muestra de gratitud, de espina en la sonrisa. Las 00:15, el héroe se prepara: Atisba el abismo, se engalana el antifaz, desabrocha sus tentáculos y entre carraspeos, serenatas y lloros hace las delicias de princesas de falda de neón,  apadrina vicios en palangana y trueca esperanza por inspiración. Y no lo callen, no lo necesita, pero a contraluz resultaba un demonio desnutrido, el recuerdo de la única dama que se atrevió a robarle un “te quiero” de luto, regalándole la mala fama de haber sentido y no haberlo consentido.


Era un monstruo de receta, un cínico con guantes, Caronte con agujetas, un cerdo bañado en diamantes rezando convulsiones con cegueras perversas, visitando el Edén por la autopista de la ruina de la plata. El cerebro cosido a bultos y el corazón olvidado en la almohada. Velando por la necesidad de las noches estrelladas perdía las mañanas dibujando embarazadas locas a orillas de la mar, pendientes de un brazo de su mirada. Amante de Caín, diseñaba epitafios por encargo mientras tramaba la fuga de aquella vieja manta de piel que lo cubría, nefasta y fría; matar la condena de las tareas del alma. No se compadezcan, pero dejen propina: Loco busca Luna para asaltar vida y saldar muerte. ¿Pena? Pena la suya por no saber desear lo deseable y morirse de celos por no manosear las nubes, por ser un terremoto con sus andares de remate y traficar con cuentos epatas bajo su barba anidada por ratas; olvidado refugio carmesí. Y aún así disparad, que su carcasa de cartón siempre está mojada, áspera y a espera de otro suspiro amargo, de los besos cabizbajos de los antagonistas de esta (de)función low cost.




Por motivos que no querréis entender, aquel día los federales lo encontraron boca abajo, con su titánico cuerpo cantando entre cristales,  besándole los talones al olvido. De fondo una tira de celuloide con sus víctimas vestidas de poesía, un hedor a tripas rotas y el eco aún vivo en su cabeza de los últimos gritos que hizo rimar. Y al desangrarse, un soplo inadvertido inundó sus revés con un torbellino de interrogaciones entre polvo de deseo, demora y deshonra; de hilo, deshielo y delirio; de mugre, mugidos y muerte.


Epitafio: Al hastío de la inocencia, al estío de la muerte, a la embriaguez de mis víctimas…Y a la obviedad de la vida.


Juan Íñigo Gil

11/07/13

sábado, 20 de julio de 2013

Lucy and Harvey 6º parte


Lucy and Harvey 6º parte


Harvey se encontraba en una de las habitaciones del hospital goldenstring, estaba enchufado a una 
máquina para respirar y por suerte, llegaron con el tiempo justo para realizarle una analítica completa y detectar su grupo sanguíneo. Gracias a ello pudieron realizar  la transfusión sanguínea adecuada y reponer toda la sangre que había perdido.

Estaba tumbado en la cama y enchufado a cables y vías intravenosas, no había ningún familiar por la habitación, ya que el familiar más cercano a Harvey se encontraba al norte de Inglaterra en Newcastle . Entraron dos médicos en la habitación, uno de ellos era un estudiante con la carrera recién acabada en Oxford, el cual estaba realizando prácticas en el hospital y era tutelado por el doctor en cuestión.

         - Mira Michel, éste de aquí es Harvey Glasstroud, llego esta noche pasada y se ha llevado tres horas para reponer toda la sangre que había perdido.
        - ¿ha tenido algún accidente automovilístico o domestico?
        - haber…saca tus propias conclusiones, es todo tuyo examínalo.
     -    Pero,  si me ha dicho que ha estado tres horas sometido a una transfusión, no sería adecuado despertarlo para hacerle un simple reconocimiento físico.
     -   ¿Quién ha dicho que tengas que despertarlo?
El joven médico Michel lanzo una mirada escéptica al doctor…

        - Adelante examínalo.
Michel se acerco a Harvey cuidadosamente y después de comprobar que tanto la respiración como el pulso estaban a un ritmo normal, se fijo en las manos. Concretamente en sus muñecas, vio las vendas un poco enrojecida aun por los cortes de los que aún emanaba algo de sangre.

     -    Un intento de suicidio…
         -Efectivamente Michel, tú mismo lo has dicho, un intento de suicidio. Y menos mal que quedó en intento , sino desgraciadamente no estaríamos manteniendo esta conversación
     -    Pero…¿Cómo? , ¿Por qué?
        -No sabemos realmente las razones que tuvo, pero fue lo suficientemente hábil para cortarse las venas, sin tocar siquiera los tendones de las muñecas. Lo encontraron desangrándose en su piso, intentaba algo muy romántico la verdad, estaba tocando el piano mientras se desangraba. Todo esto  lo contó  una mujer que subió a su casa a decirle que no eran horas de tocar el piano y que estaba haciendo ciertamente, demasiado ruido. Claro que cuando vio toda aquella sangre por debajo de la puerta y como dejó de tocar el piano repentinamente llamó al hospital y fue la ambulancia directamente hacia allí.

      - Dios mío ¿qué le impulsaría a hacer algo así?
           -No lo sé, eso es asunto del personal del sanatorio de Careville.
         -¿Se lo van a llevar al manicomio?
       -Si, Michel, esto es un hospital para gente con enfermedades que pueden tratarse, no tenemos porque soportar a un maníaco loco todos los días, habiendo un lugar explícitamente recomendado para este tipo de personas.
          -Pero no se le va a dar ninguna explicación , ¿así? Por las buenas, ¿sin su consentimiento siquiera?
         -Es un loco Michel , un loco jamás aceptaría ser  mandado a un manicomio
        -Con el debido respeto doctor Reagan, pero no me parece en absoluto profesional esto que está haciendo, ¿y cuando tiene pensado enviarlo a Careville?, supongo que después del periodo de convalecencia, ¿rondando el mes no?
       -Si Michel, por supuesto. Las cosas hay que hacerlas bien eso siempre.
       -Comprendo, si me permite me voy a ir yendo,  puesto que mi turno termina en 5 minutos y tengo la moto abajo…
       - Sin ningún problema Michel, acude a tus menesteres con total tranquilidad, le veré mañana entonces por aquí.

Michel salió de la habitación y fue al cuarto de estar del hospital, era una zona habilitada para hacer pequeños descansos en los turnos del hospital.

Cogió su maletín y se quitó la bata , Michel era uno de esos médicos que odiaban salir del hospital con la bata, el no tenía necesidad alguna de demostrar a qué profesión pertenecía, y en su opinión los médicos que lo hacían solo contribuían a incrementar las bacterias en el hospital, puesto que la bata actuaba como vector entre la calle y el hospital.


Villagrán13

miércoles, 17 de julio de 2013

Despertar

23 de septiembre, domingo.
Parcialmente nublado. Temperatura agradable si llevas mangas largas.

Se me acaba de venir a la cabeza la idea de cuántas y cuán distintas formas hay de despertarse o ser despertado. No es un tema banal, porque según dónde, cuándo y sobre todo, cómo ocurra, puede definir en gran medida el resto de un día, o cuando menos su comienzo. No es lo mismo descender de los brazos de Morfeo porque un vil macaco orine sobre tu cuerpo demasiado bien camuflado en la selva, o que te despierte el aroma de brownies recién hechos que se van acercando sobre una bandeja en dirección a tu habitación. No digo que nada de esto me haya ocurrido, pero si me llegara a suceder, dudo que ambos días estuviera del mismo humor. "¿A qué viene todo esto?" pensaré al releer estas líneas siendo un nostálgico anciano meciéndose en su casa de Bogotá si todo va según lo planeado. Resulta que esta mañana un desgraciado ha osado interrumpir mi sueño para promocionar un negocio ambulante de tapizado de muebles. Quizá alguien podría pensar que exagero, que probablemente fuera ya bien entrada la mañana cuando llegó el tan amable predicador, y que ya sería hora de levantarse. Y una mierda. Eran las cuatro de la mañana, y el camión del tapicero es el vehículo del que parecen haberse apropiado ahora los más inteligentes de entre los zombies. Van ya tres semanas de incrustarles plomo a estos hijos de puta y empiezo a estar un tanto... hastiado, digamos, como para que encima le despierten a uno de esa manera.

lunes, 15 de julio de 2013

Lucy and Harvey 5º parte

 Lucy and Harvey 
Lucy and Harvey 5º parte 

En la habitación hacía frío y la lluvia golpeaba la ventana una y otra vez. La estancia estaba vacía, tanto como la vida de un drogadicto. Sobre la mesilla de noche reposaba una pequeña caja azul de bombones, que con la tenebrosa luz gris que entraba por el ventanal, hacía de la misma  una imagen tétrica, tanto como las mentiras entre dos enamorados. Y Lucy estaba en la cama atada con fuerte correas de aislamiento, correas que mas que precaución inspiraban desconfianza, una desconfianza comparable a la de un neurótico crónico , que no puede vivir sin tomar notas mentales sobre todas y cada una de las cosas que suceden a su alrededor . 

Pobre Lucy encerrada en la cárcel de sus pensamientos se tenía que mantener allí inmóvil y retenida contra su voluntad. Aun estaba empapada de la aventura con el estanque del hospital, y tan solo una idea rondaba por su cabeza “había estado a punto de escapar “…

Y eso era algo motivador para ella, ya que…implicaba un incremento de sus probabilidades de volver a intentarlo, pero al mismo tiempo implicaba también una alarma continua por parte de los celadores, puesto que ahora estaría más vigilada que nunca.

Lucy se tornaba cansada y desesperada, lagrimas amargas y lentas comenzaron a descender por su pálida piel de melocotón. Mientras, se sumía en un profundo sueño, que duraría lo suficiente como para despejar su mente de todo el ajetreo que había ocasionado durante aquel bochornoso día.
Lucy viajó inconscientemente a su infancia, exactamente a la guardería a la que acudía cuando tan solo tenía la edad de 4 años. 
  Ahí está, toda esa cantidad de niños pequeños jugando entre ellos y ella con su manita aferrándose a la mano de su madre sin querer soltarla, ella observa un panorama completamente nuevo, Lucy tiene miedo. No le gusta estar rodeada de tanta gente , ni las canciones infantiles , no le gusta nada de lo que hay allí , ni siquiera los dibujos de la pared pintados a color , tampoco le entusiasman los garabatos de los demás niños , le resultan grotescos y extraños .

Finalmente la mano de Lucy cambia de dueño y una mujer de unos 26 años la toma de su mano, ella entre gemidos y lloros, patalea por soltarse de aquella mano extraña y fría, su madre se marcha a lo lejos y se despide de ella con la mano antes de montarse en el coche de camino al trabajo. La profesora la toma en brazos y se la lleva dentro de la guardería por la fuerza, pero justo antes de entrar algo llama su atención. El recuerdo esta borroso, y el sueño se va deshaciendo rápidamente, intenta llegar a aquella imagen, pero solo sueña una melodía en particular. Una melodía que desde su primer día en la guardería había significado mucho para ella, de hecho había estado presente en cada día de su vida, como si se tratase de un ritual metódico, el sueño desaparece y se muestra inquieta, aun tiene los ojos cerrados, pero algo comienza a tocar su cabeza y repetir su nombre una y otra vez.

En su mente hay un deseo irrefrenable de mantener los ojos cerrados, de no despertar por nada del mundo, pero finalmente un escalofrío helado le recorre la cara y despierta con la respiración entrecortada.
-Por fin te despiertas Lucy!
- ¿qué..?, el sueño¡, la melodía …estaba ahí otra vez ¡
La doctora Emily había irrumpido de nuevo en la habitación y se encontraba sentada en una silla sentada junto a Lucy , con vaso de agua medio vacío , éste último había sido el culpable de la interrupción del sueño de Lucy.
-¿Por qué me has tirado agua en la cara?!
-no te despertabas y parecías tener una pesadilla, así que pensé que sería bueno despertarte.
- ¡Qué dices! , estaba teniendo un sueño simplemente, no había ninguna necesidad de empaparme otra vez, ahora va a resultar que aparte de loca, tengo un complejo agudo de pez no? , ¿es eso verdad?! , y claro la buena de la doctora Emily no puede dejar que su paciente pez se muera , por eso le recuerda constantemente lo que es con vasos de agua!!!!!
- Lucy tu sarcasmo me cansa… ¿por qué no te calmas un rato?
- ¡no quiero calmarme!
-¡Anda mira¡
La doctora Emily descubrió la cajita de bombones de la mesilla.
-Mira incluso después del espectáculo que has dado, tus padres te dejaron una caja de bombones ¿quieres uno? “le ofreció a Lucy mientras habría la caja”
- No , no quiero¡, por mi te los puedes comer todos ¡
- tu mandas.
La doctora cogió uno de ellos , había un surtido de lo más interesante , chocolate negro , blanco , con nueces , con avellanas y praliné , de trufa.
-          -Umm , !que delicia , parece que los hayan hecho los mismísimos ángeles!

Villagrán13






jueves, 11 de julio de 2013

Lucy and Harvey 4º parte

                                                           Lucy and Harvey
                                                    Lucy and Harvey 4º parte



-Rápido por aquí, es aquí en esta puerta! aprisa por favor!...es aquí de donde sale la sangre que les decía!
Estas eran las palabras de una señora de unos 50 años, que se encontraba al borde de un ataque de nervios,  con la cara aún pálida y contraída de tal modo. Que solo se podía limitar a señalara temblando la puerta del ático.

- ¡es cierto hay sangre! y en gran cantidad además…temo que hayamos llegado demasiado tarde…
- Dios mío que desafortunado episodio…” y haciendo la señal de la cruz sobre su pecho dijo “: ¡Dios nos salve de correr esta suerte!

Los enfermeros de la ambulancia intentaron abrir la puerta, pero se encontraba cerrada a cal y canto , no había forma alguna de que pudieran abrirla.

-maldita sea, la puerta está cerrada ¿cómo la abrimos?
-Señora no hay ninguna llave de repuesto que nos pueda ser útil?
- creo que en la recepción hay llaves de todas las puertas del edificio ¡
- Perfecto entonces , tú ve con ella a por la llave que yo iré a la ambulancia a por el material de urgencias ¡, rápido!

Mientras todo esto ocurría entre dos mundos diferentes, el mundo suicida de Harvey y el mundo real de los enfermeros y la ambulancia, los 20 centímetros de grosor de la puerta seguían haciendo que la comunicación de ambas partes fueses nula.
En la habitación, Harvey inhalaba con dificultada las que  quizás serían sus últimas bocanadas de aire, estaba pálido y frío, su boca reseca y pastosa chocaba directamente con las  partituras del piano. Sus manos se postraban cansadas y ensangrentadas caídas hacia delante como si ya la guerra hubiera acabado y hubiese sido finalmente vencido.

Harvey estaba perdiendo completamente los sentidos, y caía en una inconsciencia sin retorno.
No escuchaba el ajetreo de la puerta, una persona es sus plenas facultades hubiera escuchado hasta el susurro de unos pasos andar a  lo largo del pasillo.
Luz, la penumbra desparece lentamente conforme la luz del pasillo devora la oscuridad , por fin han conseguido abrir la puerta . Los enfermeros corren hacía el piano y comienzan a atender y socorrer a Harvey.

-Parece claramente un suicidio, mira las incisiones de las muñecas¡
- Si, tenemos que detener la hemorragia lo antes posible ,ha perdido muchísima sangre y arriesgarnos a hacerle una transfusión podría significar la muerte , si la transfusión no es compatible con su sangre .
- en ese caso vendemos como podamos las heridas ¡ (uno de los enfermeros cogió gasas y vendas de una caja)
- ¡No , espera ¡ no cojas esas vendas , coge estas de compresión , así podremos hacerle un vendaje compresivo y la hemorragia será mucho más fácil de cortar¡
- estoy contigo, pongamos esas entonces¡
Los enfermeros siguieron con su trabajo  incansables y rítmicos , en menos de 1 minuto ya le habían vendado las dos muñecas , y uno cogiendo a Harvey por los hombros y el otro por las piernas , lo llevaron abajo a la ambulancia y después de sujetarlo a la camilla se dirigieron directamente al hospital.
En el interior de la ambulancia todo daba vueltas y vueltas en torno a Harvey , esta desvanecido, pero tenía aun así una pequeña capacidad de conciencia y escuchaba algunas cosas.

-¡ha perdido muchísima sangre, lo vamos a perder si no transfundimos!
- no podemos hacerle una transfusión sin saber siquiera su grupo sanguíneo, su cuerpo podría rechazarlo y matarlo definitivamente.
-¿entonces que se te ocurre que podemos hacer para mantenerlo vivo hasta el hospital?
-le inyectaremos una vía con suero fisiológico, para restablecer un poco la hidratación y reequilibrar de nuevo el medio interno .Y para reactivar el ritmo cardíaco y las funciones vitales le pincharemos una pequeña dosis de adrenalina vía intravenosa también.

Los enfermeros buscaron el material y se dispusieron a realizar, el que sería un intento desesperado por mantener la llama de la vida de Harvey un poco mas encendida.

-Oye creo que sería oportuno por si ocurriera algún tipo de ataque epiléptico o crisis nerviosas , colocarle un “Guedel “, así podríamos evitar que se ahogase con su propia lengua en el momento en que la adrenalina empezase a hacer mas efecto de la cuenta.
-  vale, aquí tienes pónselo.
Con la ambulancia aún todavía en marcha realizaron toda esta complicada tarea y afortunadamente, estaban en lo cierto.
El hospital ya se veía a lo lejos y la lluvia en la carretera comenzaba a hacerse cada veza más intensa.  Después de múltiples frenadas y maniobras, llegaron a la puerta de urgencia .Bajo la luz  de una farola amarilla que filtraba con su haz lumínico las gotas de agua creando una atmósfera lenta y delirante, descendieron la camilla con Harvey y lo introdujeron en el hospital, mientras el temporal trataba de arrancar una última oportunidad a la situación para mojar con su lluvia húmeda la cara de Harvey .


Villagrán13

''Pulp fiction'', La ficción del pulpo

Ser un cefalópodo no es tarea fácil. Cual hábil titiritero, extiendo mis brazos y muevo los hilos de forma que los hechos se desarrollen de tal forma que me beneficien. Mis manos estás sucias; utilizando mis ventosas como meras herramientas, succiono todo lo posible tanto de amigos como enemigos; bueno, más bien de lo segundo; un pulpo con tal afinidad por los negocios posee pocos amigos con los que compartir una copa sin cicuta. Sus vidas son una pieza más en el tablero de ajedrez de la mafia, marionetas que bailan a ritmo de mis palmadas y mis deseos.

Como de costumbre en un hombre trajeado, sanguinario y vil, de aspecto ''corleónico'', la seguridad es una preocupación habitual: si me veo en peligro, recurro a mi recurso favorito, una neblina de tinta, negra como el carbón, para, de esta forma, escapar mediante artimañas y seguir fumando puros cubanos, un jaque mate a lo Marlon Brandon; como lección para los zafios patanes que intentan imitarme, el factor sorpresa es de lo más importante. Una vez, se me comunicó la existencia de un prototipo de orden de arresto dirigida hacia mi persona trazada personalmente por un famoso senador demócrata (no pensaba pisar los calabozos, nunca llegue a soportar las arañas); con un par de llamadas y unos pocos minutos de espera, hice que prendieran su mansión y todas las propiedades en un kilómetro de radio(el dramatismo lo llevo en las venas), pero fascinantemente, no encontraron ningún cadáver identificable con forma de político honrado (una joya en un mar de petróleo) ¿Y qué fue de él? Pues con mi ayuda, escapó de la barbacoa humana para vivir un destino peor: fue enterrado vivo y lloriqueando en ''mi cementerio privado'', unos jardines inusualmente fértiles debida a la carne humana en descomposición. Para esta pobre criatura, un soñador de definición de libro, le diseñamos una muerte simpática: conectamos su sepulcro a una cañería que bombeaba gas helio hacia el interior; de esta forma, sus sollozos, varias octavas más altas, se fundieron en la comedia fúnebre definitiva, todavía sigue provocándome carcajadas repentinas.

¿Y cómo uno puede vivir de esta manera tan poco ''enriquecedora''? La respuesta es simple; uno debe apreciar los pequeños detalles, mi favorito, el humor en forma de ironías y paradojas:
Recuerdo al pobre Jim, un chico feliz, de alta embergadura que se pasaba el día comiendo marisco. Al pobre gordinflón lo tuvieron que sacar del mar con una grúa; en efecto, un pulpo con estilo, alma caritativa de los cangrejos y los bogavantes, se molesto en cementar sus pies y arrojarlo al mar no sin antes cortarle la lengua, trato habitual para agentes de incógnito que filtran información sobre mis actividades financieras. El fondo marino aplaudió su muerte mediante chasquidos de pinzas.

Bueno, dejando a un lado el humor sanguinario, me siento obligado a compartir otro de mis pasatiempos favoritos. Mi eterno amor al arte en todas sus expresiones se complace del ingenio de artistas como Van Gogh, A. Conan Doyle, Hitchcock (en sus bien diferenciadas áreas afines) entre muchos otros, salvando, con especial ímpetu, a los excrementos malolientes firmados a nombre de A.Warhol. Sinceramente, he visto cadáveres licuados de aspecto más artístico que las famosas latas de sopa Campbell, máxima expresión del ''pop art'' (más bien ''poop art''). De hecho, hace unas década, cuando mi carácter era más remarcado, realicé numerosas visitas nocturnas a distintos museos de alta estima; sin embargo, no podía evitar traer conmigo algunas de las ''obras'' de este fiel pupilo de satanás como ''souvenir''; personalizar (más bien pintorrear con un rotulador de punta gruesa) estas mofas del verdadero arte es una experiencia casi tan satisfactoria como el sexo.

¡Ya era hora! 

Lágrimas salpican pómulos valientes,surgen cataratas que inician las corrientes,
estas resbalan por tez firme y seca, humedecen, se esparcen, lentas y obedientes,
y sólo cuando impactan, el fin inicia su corta carrera hacia la meta...


Como habrás observado hasta ahora (y hasta nunca), soy un hombre que disfruta del intercambio verbal pero tengo la certeza de que esto es todo lo que uno necesita saber sobre su ejecutor antes de morir.

miércoles, 10 de julio de 2013

Y otras drogas.

“Pasa la vida”.

Aquella frase retumbaba en su cabeza aquella noche y no había forma humana de hacerla desaparecer. La rabia de ese momento se podía identificar con la padecida al descubrirte repitiendo una canción sin conciencia ni remedio una y otra vez. Pensó en la sevillana cuyo nombre y letra incluían las palabras que en la negrura de su habitación la afligían y que no podía ignorar, pero la sensación estaba muy lejos de parecerse a la que se experimenta bailando tal canción en plena Feria de Abril.

“Pasa mi vida”.

En ese momento hubiera preferido mil veces sentirse desdichada por la presencia del típico mosquito de verano y su molesto zumbido que por aquel insomnio. Ya antes había sufrido problemas para conciliar el sueño y había pasado largas y oscuras horas en vela: durante los exámenes de la universidad, a consecuencia del calor, por el alcohol…. Comenzó a recordar y, como se esperaba y a la vez odiaba, a añorar las dulces borracheras con sabor a whisky y sus seguidas resacas con dolores de cabeza que afloraban con el amanecer desde la playa. Vaso tras vaso, hielo tras hielo, amigo tras amigo, risa tras risa, locura tras locura. De todo aquello, calculó, podían hacer ahora unos treinta y cinco años e, irónicamente, se acordaba de todo. Aquel día, a las tres de la madrugada, hora de la que acababa de informarle su reloj despertador, la causa de su desvelo era, sin embargo, otra.
¿Se arrepentía? ¿Había merecido la pena? Volvió de nuevo la mente atrás, esta vez para encontrarse en su cocina. Al escuchar los primeros ronquidos de su actual marido se había levantado de la cama y buscado de nuevo entre los cajones de los manteles para sacar la ansiada botella allí escondida. Trago tras trago, silencio tras silencio pero, sobretodo, alivio.

“Pasan nuestras vidas”.

Continuó buscando la respuesta a esas preguntas en sus recuerdos. Viajaba ahora hacia la habitación blanca de hacía pocos años. La desesperación, las enfermeras, los médicos, psicólogos, medicamentos. Horas muertas llorando, echando de menos el gusto del licor descendiendo por su garganta pero, por encima de todo, la voz de su esposo, culpable, finalmente, de su internamiento.

Pasa su vida.

Cambió de postura por enésima vez. Ya no sabía que hacer, lo había intentado todo y había sido en vano. Se recordó de nuevo (había perdido la cuenta de las ocasiones en que esa imagen había volado por su mente aquella noche) sentada sobre la taza del cuarto de baño, con los ojos cerrados y un miedo espantoso a abrirlos. No quería descubrir lo mismo que los meses anteriores y, a pesar de haber perdido a esas alturas cualquier tipo de esperanza, pensó que el color que vería al destapar sus ojos sería el azul. Fue el rojo.

“No hay vida”.

Tampoco entonces, y aún habiéndose retrasado el asunto más de una semana, habría bebé. Pronto cumpliría los cincuenta y su ginecóloga ya le mencionaba la también difícil pero factible posibilidad de adoptar.

Sonaron los cuatro pitidos del despertador que señalaban tal hora. Sus párpados cayeron, las lágrimas también. Solo en aquel momento comprendió: “No ha merecido la pena. Pasó mi vida”. 
RFB.

Permanencias



Cambié pertenencias por permanencias, y esto fue lo que me quedó.

Me queda París violada por la punta del desorden, la desidia protectora, un Dios de baja por depresión, un antifaz; agua turbia y algodón.

Me queda este genocidio de versos desesperados, el humo en las venas, el desdén, el pe(s)cado de entre tus caderas. Me queda vida que matar para seguir muriendo en paz, quimera mundana, una médula de alquitrán, y la acidia del poeta estoico.

Me queda aprender a escribir, me queda desdeñar palabras desnudas que buscan piel para depilarse y poetas cuentagotas; me queda aún la violencia en verso, epitafios para vuestros sastres y recuerdos zifios de vuestras madres. Un cortejo de fiambres, una orgía en un enjambre.

Me queda lo que me falta y viceversa, el funambulismo por tus pestañas, los suspiros rojos, las pupilas coronarias y la calma. Las prisas de la presa, la prosa del preso. Me quedan formas de desafinar mi mente de Kubrick y tu cuerpo Tarantino. Supongo que aún me queda el sueño de Arlequín, una llaga en la bandera y coger aire antes de ahorcarme.

Me quedan balas en los bolsillos, hormigas en los huesos y mil héroes muertos. Nietzsche aniquiló a Dios, Radiohead mató al pop y el resto me lo dejaron a mí, que crónicamente clónico abanico mi tropel de recuerdos al azar, oro mis tropas de ripios y tumbo la fortuna del mito sesgado; ¡Atrévanse a pasar, me quedan la voz opícea, los ojos opacos y las manos orgullosas!


Cambié pertenencias por permanencias y fue entonces cuando la verdad era la víctima, la voracidad el verdugo y los tres puntos, en lugar de ser suspensivos, resultaron de sutura.




… Aún me queda que los monstruos aprendan a reír.



Juan Íñigo Gil

10/07/2013

martes, 9 de julio de 2013

''War and peace'', guerra y pis

Sus primeros pasos ya iban encaminados hacia una vida de terror, lastimera y desdichada, entre trincheras y zumbidos, de odio, violencia y volatilidad. Adoctrinado recién empezada la pubertad, aprendió a sujetar un fusil bajo la bandera yihadista al tiempo que algunos jóvenes, al otro lado del mundo, mojaban la cama. Jamás tuvo ocasión de vivir y jugar como un niño; en cambio, fue incitado a participar en esta lucha infernal donde héroes y villanos convergían en una misma palabra, soldados.

Yo en cambio, nacido de una familia media, con una infancia de ensueño, acabé aquí por el orgullo de servir a mi patria; drásticamente, a mi llegada, mi vida dio un giro caótico; Con el luto a diario como recibimiento, fui sometido a una rutina macabra, una bienvenida al Tártaro del Inframundo.

Y de estas formas, dos vidas tan dispares confluyen temporalmente.

Entre gritos de júbilo fue bien recibida la bala que hice atravesar a ese pobre chico en una emboscada suicida; todavía recuerdo su cuerpo inerte sobre un sepulcro improvisado rodeado por aquella explanada baldía, un festín para los gusanos; entonces, vivía un contraste perpetuo entre instinto de supervivencia y principios morales, usted jamás podrá entender que supone apretar un gatillo, ver como se escapa la vida por los ojos y ser pagado por ello. La gloria es una sensación casi tan putrefacta como la muerte. Así que, si quiere condecorar a un soldado con esta estúpida medalla, señor presidente, busque los huesos carcomidos de este chico, y colóquesela a él, una de las tantas víctimas labradas por su estúpida guerra, por su estúpido país y por su estúpida política de exteriores.

domingo, 7 de julio de 2013

Lucy and Harvey 3º parte

Lucy and Harvey
3º parte


Lucy salió de su habitación acompañada por la doctora Emily, miró a sus padres fijamente y éstos le devolvieron una afable sonrisa. Ella se mantuvo en silencio y esperó a que ellos dieran el primer paso para abrazarla. Fue entonces cuando evitó el abrazo y, arrancando de cuajo las llaves de la bata de la doctora Emily, empezó a correr hasta el fondo del pasillo.

La doctora Emily jamás se hubiera imaginado que uno de sus pacientes podía quedarse con ella de aquella manera. Los padres de Lucy se miraron estupefactos, y luego miraron cómo la doctora corría tras Lucy y gritaba desde lejos a los celadores que retuvieran a Lucy. Pero ésta, que estaba dotada de una velocidad y energía sorprendentes, consiguió llegar al fondo del pasillo, abrir la puerta y cerrarla desde la otra ala del sanatorio. Mientras, un grupo de celadores se peleaban entre ellos para ver cómo podían abrir la puerta.

- ¡Dejaos de estupideces y pulsad al botón de fugas, así podremos avisar al piso de abajo y que la retengan allí!

Dicho y hecho; uno de los celadores pulsó el botón rojo que se encontraba cerca de la puerta, e inmediatamente una alarma comenzó a sonar. Los padres de Lucy se encontraban abrazados, tratando de combatir por todos los medios posibles la vergüenza y el miedo que se había apoderado de cada centímetro de su cuerpo.

A unos treinta metros más allá de la puerta que dividía las dos alas del sanatorio se encontraba Lucy corriendo, ésta pudo ver como dos celadores aparecían escaleras arriba e iban directamente a por ella, rápidamente se metió en una sala que ponía “zona de juegos”, una vez que había entrado se encontró una multitud de personas jugando al ajedrez, dominó, y demás juegos de mesa, incluso un piano de pared antiguo, pero se fijó en algo que le llamo mucho más la atención.

Una de las ventanas se encontraba abierta y no tenía rejas, de hecho había un pintor en la ventana que había entrado por la misma y se encontraba mezclando botes de pinturas. Dos celadores entraron dando un portazo por la puerta de la sala de juegos.

- ¡Allí está! ¡Venga, ya es nuestra!
- ¡Mierda, me encontraron!

Lucy corrió por el medio de toda la estancia, se tiró al suelo, patinó por debajo de una mesa y cuando llego junto al pintor, cogió uno de los cubos de pintura y se lo tiró en la cabeza.
- ¡Aaaah! ¡Mis ojos!

El pintor se quedó cegado y al tiempo que hacía esto, cogía otro cubo y lo tiraba en dirección a los celadores que venían tras ella, estos resbalaron y se cayeron de espaldas golpeándose fuertemente contra el suelo. Aprovechó entonces para salir por la ventana y deslizarse por la escalera, pero cuando había bajado unos dos metros, se encontró con un cartel infantil pegado en una de las ventanas… El cartel tenía conejitos de colores. ¿Y qué pasó?

Pues ni corta ni perezosa, chilló como nunca lo había hecho y empezó a caerse de espaldas, tirando al mismo tiempo de la escalera consigo.

Los celadores que se encontraban abajo se temían lo peor, pero fue tal el tirón que le dio a la escalera producido por el susto, que ésta se giró afortunadamente hacia el estanque del manicomio. Y como si de una pluma de lechuza se tratase, fue cayendo lentamente hasta quedar abatida en el estanque finalmente.
Buceó como pudo y consiguió salir a flote y salir de estanque, el agua estaba helada y estaba cegada por los pelos pegados en la cara, corrió pegada al muro del sanatorio tratando de encontrar la puerta de salida, la cual pudo ver abierta desde lo alto de la escalera,  y casi por azar la encontró de repente, ¡y cómo la encontró!

Todo ocurrió muy deprisa: se quedó helada cuando vio una ambulancia a toda velocidad cayendo sobre ella, en los ojos aterrados de los conductores se reflejaba el pánico emitido por los ojos de Lucy. Por un momento el grito de Lucy ahogó el rechinar de las pastillas de freno de la ambulancia y cuando ésta paró a diez centímetros de su cara… Lucy se desvaneció, perdiendo el conocimiento completamente.



Villagrán13

Lucy and Harvey 2º parte

                                                                  Lucy and Harvey
                                                            Lucy and Harvey 2º parte


En un lugar céntrico de Liverpool, había un precioso ático en la última planta del complejo residencial Brian Blue. Este ático servía de refugio espiritual y físico a Harvey Glasstroud, un joven estudiante de medicina que se había topado con la depresión en su tercer año de carrera. Una lástima, la verdad, puesto que era un chico sobresaliente y aplicado.


En tan sólo los dos primeros años de su carrera, había conseguido meterse en el bolsillo a toda la clase, incluyendo profesores, becarios y el rector de la universidad. Siempre había destacado por su interés y su lucidez a la hora de entender las cosas, pero últimamente se encontraba entristecido y había perdido toda esperanza.

El cielo está nublado, y este martes gris armoniza perfectamente con la desdichada mente de Harvey, el cual se encuentra delante de la cristalera del salón, mirando hacia fuera.
Las gotas de lluvia comienzan a caer y mojan el suelo de Liverpool, creando una atmósfera critica y lenta… Se podría decir que Harvey no encontraría un día mejor para realizar su gran obra.

Sí, Harvey iba a quitarse la vida, esto pues había sido su rayo de esperanza los últimos tres meses.
Durante ese tiempo había estado maquinando cómo hacerlo, quería que fuese especial, algo único y embriagador, que se lo llevara de este mundo tan cruel pero de la manera más dulce posible.

Se sentó en la banqueta del piano y seleccionó cuidadosamente una de sus composiciones, una de las que solía componer por aquella época cuando aun tenía un motivo para vivir. Una vez hecho, esto tomó una botella de vino, concretamente un Château de Bordeaux.
Lo había comprado hacía un mes, con la paga de su trabajo de fin de semana. Tomó una copa y se bebió dos veces el contenido de ésta en apenas cinco minutos, rellenó la copa una tercera vez y bebió hasta la mitad.

Paró de beber, había tomado vino suficiente para poder continuar con su obra. Tomó pues un bisturí que había robado la semana anterior en la facultad, e hizo dos incisiones en sus muñecas. Lentamente comenzaron a salir dos finos hilos carmín de sus blancas muñecas.
No había dolor que pudiera sentir, pues el vino había cumplido su trabajo y había anestesiado en parte a Harvey, con lo que comenzó a tocar el piano con una pasión irrefrenable.

Mientras tanto, su sangre dibujaba garabatos sobre el blanco inmaculado de las teclas del piano, y ésta misma se derramaba por el suelo y salpicaba las paredes, como si de una ola marina se tratase al chocar contra las rocas de un espigón.

Harvey se está mareando… el cuerpo comienza a fallarle y su visión se va tornando borrosa.
Harvey no sabe si esta delirando… pero cree poder escuchar golpes en algún rincón del piso.
Harvey se va… Harvey se está muriendo… sólo puede escuchar un chasquido seco antes de desplomarse encima del piano.


Villagrán13