jueves, 30 de octubre de 2014
viernes, 24 de octubre de 2014
Di-Fusa
Podría escribir un poemario titulado <<Inseguridades>>, podría escribirlo sobre una espalda desnuda o sobre el vaho de una ventana que dé a los árboles empapados de rocío temprano a mediados de noviembre, con tinta negra porque no me gustan los bolígrafos que pintan azul, es vulgar, vulgar como los sentimientos que encierro en mi caja torácica y en mi soplo sistólico, estados de ánimos rehechos a mi manera de ver el mundo, convertidos en lo que nunca nadie tuvo y en una amalgama de colores grises (no me malinterpretes, es mi color favorito) que se me escapa por las uñas y se plasman en los "tics" del teclado del portátil mientras escribo esto. ¿De qué estaba hablando yo? ¡Ah! De gamas cromáticas y de opresiones de corazón si te pienso o si te sueño, de la rapidez de chasquido de dedos de mago con la que alguien se convierte en un motivo de pérdida, si sé que no quiero dejar algo marchar es porque le quiero... Tampoco te preocupes, son ráfagas de pensamiento, de aire entre neuronas, de silencios de semifusa, no, qué digo, de garrapatea; es solo que la noche se me echa siempre encima y suena Johann Sebastian Bach, disonancias y digresiones, y yo aquí pensando en ojos azules y en muerte, en cementerios y en hojas naranjas con venas marrones, en el fuego que se consume, en el calor de un abrazo tuyo, en cómo se me quedan huecos los suspiros si no son sobre tu cuello y en cómo dejan de cobrar sentido las sílabas que comencé a teclear hace un buen rato. Bach se volvió Erik Satie y se difuminó en imágenes oníricas surrealistas del siglo XX, sin compases y con pedales, donde un vago recuerdo vaga por La Mancha de mi llanura mental y se despide para recogerse en una caja fuerte sin combinación lógica en la habitación donde se tienen los trastos viejos.
Claudia Otero
domingo, 19 de octubre de 2014
Entrañables recuerdos.
Me
siento en el inodoro tras el grito de guerra del vientre. No debería haber consumido
esa enchilada pues el escozor anal me recordó a esa noche que tras haber pagado
50 euros por adelantado descubrí que la mujer tenía regalo y por rácano decidí
experimentar.
Tampoco
debí consumir ese yogur medieval ya que su contenido ahora salía como las aguas
del Mekong, turbulentamente pardas y fluidas. Y todas estas aguas las acompaña
el furor de una cascada fétida al chocar contra el fondo del retrete.
Sacaba
al Godzilla que había en mí por los dos orificios en un dueto de armonía gutural
y, con lágrimas en los ojos, soltaba al demonio de mis tripas que se
manifestaba en este mundo material. A falta de Biblia negra agarraba el rollo
de papel higiénico aunque sacrificio humano no faltó pues ya había muerto por
dentro.
Semejante
catarsis acabó en sollozos y el ronroneo de una bestia anal relajada. Arrancaba
hojas de mi Biblia que acariciaban mis posaderas, con el suave tacto de una
madre el cual mi esfínter interpretó como
latigazos.
Me
levanté, pies temblando, había olvidado andar. Sin mirar a mi creación tiré de
la cadena, una trágica despedida para un emotivo momento diario.
viernes, 17 de octubre de 2014
Mejor que el resto, pero sobre todo perfecta
Mejor que el resto, pero sobre todo perfecta
De forma rizada y caprichosa, se descuelgan por su espalda
Brillan por la tarde y se apagan de madrugada
los abraza una espesura, que se mezcla con su aroma
los inunda pues dulzura, y se mezclan con mi ahora
se asoman, entrevistos en su tez clavelinosa
se escapan sin ser vistos, y mis dedos los añoran
me rozan, y acarician, son las mantas de mi alcoba
se trenzan y se erizan, son las llamas en la euforia
De ángulo digno, de una emperatriz, suben y bajan, y hoy son para mí
se estrechan y alzan, se estrujan y ensanchan, son tango y solera
son vida y templanza, siempre regalan, absurdos y gracias
recibo encantado, detalles con alma, de esos que salen, con cada suspiro
de esos que envidian personas en frío
Se mueven y expresan palabras expresas,
me apresan y queman, si a los míos se acercan
ello los envidian esperando en la sombra,
son polvo de hojas, que un dia fueron hermosas
colgantes de un almendro, mientras las mece el viento
yo me tumbo y solo pienso, en la fortuna que me ha hecho
El amor no es una ley, tampoco es una lección, bien les vendría a alguno salir del cascarón
pues ciegos aman, sin saber apreciar que el amar, no es como tal, una costumbre que adoptar
es el jardín del día a día, la escucha de los sentidos, que altivos, se vuelven adictivos
en la lluvia de la emoción, en la tormenta de los roces, en la pasión sin ser pasión
en el miedo a ser precoces, en sentir menos dolor, en dejar de ser mediocre, en ser un igual de dos
Y camina con bravura, entusiasmo y libertad,
siempre viene con su danza, a posarse en mi observar
de sus círculos danzantes, de esa risa espuma mar
de esa boca que me habla, sin aveces decir nada
que solo con dos miradas, me acompaña el malestar
es su tacto exuberante, un camino que tomar
es calor frío pasado , y fresco encandilado,
es olvido del pasado, es presente inacabado
y un futuro por llegar
Los cuervos siempre serán cuervos, y Unamuno me caerá mal
más de un listo que se enrabia, cree saber poetizar, con palabras malsonantes
la belleza del yacer, pero solo engaña a su alma, y nunca le deja hacer
pues dos piernas siempre abiertas, le condenan a volver, a una cama equivocada
a una alcoba desordenada, a mil lágrimas saladas, que una lengua le arrebata
Soy efímero al sentir, pues si siento mucho muero, no me caben en el pecho
las delicias del vivir, en su dulce compañía, yo renazco cada día, renacido al sonreír
es mil, dos mil e infinito, es verde azul y amarillo, es persona y sobre todo buena
quiero ir dónde vayan sus piernas, que me lleven sus caderas, lo mas lejos que hay de aquí
Villagrán14
Desync
Fue un domingo por la noche, viendo una
película mala en su portátil, cuando Maite se lo empezó a plantear, aunque
todavía no era consciente de ello. Destáquese que la calidad del vídeo pirata
era tan baja que la imagen y el sonido estaban desincronizados. A pesar de la
sensación tan incómoda que eso produce, había visitado demasiadas páginas en
busca de un servidor donde poder verla, y la conformidad venció a sus
exigencias. Así que se contentó con escuchar la voz de su actor (de doblaje)
favorito antes de que el personaje moviera los labios, durante dos horas
aproximadamente.
Esa noche durmió intranquila. Sus circuitos
cerebrales más profundos estaban en plena ebullición, lo que se tradujo en
pesadillas en las que su gato Rasputin la abandonaba para ser cirujano de
tortugas, y ello le producía una incomprensible angustia vital.
La revelación le llegó a la mañana siguiente en
el coche, de camino a la oficina. Estaba parada en un atasco kilométrico, como casi
todos los días. Ese regusto a familiaridad que habían adquirido los colapsos
mañaneros propulsó a la idea que se había ido fabricando desde lo más profundo
de su sustancia gris: “¿Y si esto ya ha pasado?”. No quería decir que todos los
días fueran el mismo, con sutiles variaciones, o que su mente viviera
prisionera y engañada con imágenes recurrentes que le sirvieran de distracción.
No, era mucho más que eso. ¿Y si vivía con retraso? ¿Y si el momento que ella
estaba experimentando en aquel preciso instante, con todo lo que la rodeaba,
fuera un montaje que su cerebro había creado a partir de algo que había captado
hacía un cierto tiempo, pongamos un minuto, o incluso horas? De repente todo le
pareció más lógico. Al margen de que, por ejemplo, la luz de los objetos tarde un tiempo en
llegarnos, y que por ello mismo vivimos en una singularidad relativa a nuestra
posición, el cerebro puede funcionar de forma distinta a como estamos
acostumbrados a pensar. El cerebro, o al menos la parte en la sentimos que vivimos, lo que experimentamos como nosotros
mismos, puede ser el equipo de montaje de una película, que se encarga de contarnos la historia. No se trata de disociar
el cerebro de la mente, ni mucho menos, tan solo de distinguir dos departamentos
distintos. El primero dedicado a asimilar una ingente cantidad de información y
a actuar en consecuencia, y un segundo que presencia
la historia, de forma lineal y bien narrada, de su vida, tiempo después de que ese
equipo de montaje haya seleccionado y editado lo que le parece relevante. A veces hay fallos en ese montaje y no sabemos qué hemos sentido para actuar de una manera u otra, y lo achacamos a la intuición, o el equipo llega con retraso y monta una justificación que nos parece válida, aunque sea irracional y no basada en hechos.
Entonces, si es así, ¿cuánto tiempo pasa? ¿De qué
servimos entonces? Y sin embargo, ¿qué más da? Y lo peor de todo, ¿podremos
saberlo?
Ahora al agarrar el volante, al pisar los
pedales, al mirar la carretera y ver esas filas interminables de vehículos, el
cielo gris que lo cubría todo, al notar el aire que le llenaba los pulmones, no
podía quitarse de la cabeza que todo fuera un cuento muy bien contado. No había
nada que le demostrara que fuera auténtico, que realmente estuviera pasando
entonces. Pensaba que en la práctica sería irrelevante, que seguiría con su
vida como si nada. Pero no, Maite acababa de romper el juego. Se había dado
cuenta, y eso influía hacia delante. Ella iba
a darse cuenta, de cualquier manera. Ahora sus decisiones estaban condicionadas
por haberse dado cuenta. Y solo porque le acababan de contar que en cierto
momento se dio cuenta.
Manuel García Ferrer
jueves, 16 de octubre de 2014
'La Autobiografía, la Antibiblia y el Suicidio'
'Antibiblia'
La pregunta realmente importante no es
si Dios existe, sino si el hombre necesita a Dios. En ambos casos la
respuesta es clara, y en mi caso, excluyente. Para resumir, digamos
algo así como que cuando la fe llamó a mi vida saltó el buzón de
voz, o que gracias a Dios (aún) no he tenido que creer en él por
más de media hora. Las razones, más que obvias son tristes, pero
podemos concretarlas en que mi ateísmo se fundamenta en que soy mi
propio Dios. Además, no quisiera yo ninguna moral que me tache el
derecho a odiar ni ninguna deidad que me perdone, me azote o me salve
cuando todo se ponga mal. No, por Dios, para eso ya está el amor (y
en última instancia mi psiquiatra). Digamos también que dejar de
existir forma parte de mis planes, que ya tengo quien me robe; que
arrodillarse ante algo o alguien sólo entra en mis planes si forma
parte de alguna postura sexual. Digamos que no creo, que me sobra con
Pink Floyd, que no quiero ninguna hipoteca moral ni ninguna fiebre
metódica; digamos, a fin de cuentas, que si Dios es la respuesta, la
pregunta era retórica.
Ante Dios uno puede someterse o
sublevarse. En ambos casos sólo se puede perder.
'Autobiografía II'
La vida es salir de una vagina para
buscar otras donde volver a meterse.
'Suicidio'
Sólo hay dos formas de construir el
futuro: una es olvidando el pasado, la otra destruyendo el presente;
y yo siempre tuve buena memoria.
'Objetivo
Vital'
20 años y por fin sé qué quiero
hacer en la vida. El ridículo.
Juan Íñigo
Octubre14
lunes, 13 de octubre de 2014
En Comunión
Mis pies descalzos apenas tocan la tierra mientras corro por la selva. Los pasos amortiguados por las capas de hojas y detritos se confunden con los ruidos de los animales que se apartan de mi camino. Dejo en las ásperas raíces un rastro invisible de mi piel descamada. El sudor se continúa, indistinguible, con la humedad que lo impregna todo. Sigo corriendo y nada me alcanza.
El aire inunda mi cuerpo y se lleva parte de mi calor. Establezco, sin saberlo, un diálogo gaseoso con la vegetación que me rodea. Los árboles me ocultan en su sombra y el viento trae el rastro que persigo. Sé que cuando acabe mi caza tendrá lugar un intercambio. Mi presa será entonces parte de mí, y juntos seremos cada vez más parte de la selva, que se busca y se devora.
Nada puede alcanzarme si soy yo quien me busco. Soy la hoja en el extremo de la rama más alta de un árbol milenario. El tiempo pasa por el árbol, pero el árbol permanece. El tiempo erosiona la corteza desprendiendo animales inusitados y ríos de maleza, que morirán y serán sustituidos. Pero el árbol permanece y nada le quiebra.
Consciente de que soy un remolino de polvo levantado por la brisa, una rama llevada por la corriente del río, la fruta del árbol que cae y renace, una hoja en su errático viaje hasta el suelo, sigo corriendo y nada me alcanza. Porque estoy en comunión con ella. Porque soy un destello en la expresión de su grandeza.
M. García Ferrer
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