domingo, 24 de agosto de 2014

Miel lenta


                            Miel lenta


Y allí aparezco, no quiero parecer siniestro, en mi cortejo
naranjas y morados son los reflejos, del cielo que ya tan viejo
se cae a pedazos, lentos, entre ozonos, veo con catalejo
una nube blanca inmaculada, quizás llueva y llegue a mañana

Somos dos, tres y nada, somos gotas de azúcar ocultas en tu cama
las ramas de tu alma, afloran por mis ganas, amanece y apareces
me envuelves, de olores me sientas las sienes, sobre tu cálido estar
mantengo el fugaz, ser quien eres

Destrozas la miel, la fundes en pimienta, me abrazas de pie,
tómate un tomate, que yo tomo te, si temo que te mates, las mates
son temores tenaces, se integran integrales, y derivan amistades
el mundo parece un zulo, y nosotros sus habitantes

Rompe pasos a golpes de cadera, me espera y mira a través de su melena
se inquieta sonríe, el corazón se acelera, la cera, que desvela una vela a mitad
de la luna llena, es sello de fuego me hiela el caminar de sus piernas

De aquí al final, de allí al principio, en nuestro beneficio, el futuro presenta al pasado
que olvidado, grita azotado, por verdades y hospitales, tan repletos de pesares
reducidos a dos ruedas que pasean a media acera, mis arterias cerebrales,
se comprimen, no disparen, solo grito a medio grito, solo medio, es solo un mito
no repito


Villagrán14








jueves, 21 de agosto de 2014

Cuento en popa

El día que salió a surcar todos los bares fue el día más naufragado de su vida. Buscaba a un hombre de ojos oceánicos en los que poder flotar cada día. Seis copas y nueve piratas después, encontró a su capitán, de ojos grises como la mar. Al principio en calma, levando anclas, pero después los pilló la tormenta. En el refugio del camarote hicieron el amor y al quinto orgasmo se casaron. En la luna de miel fecundaron a su séptimo hijo al que llamaron Neptuno, pero a este no pudieron contenerlo en barco alguno. Nadando en los ojos oceánicos del Capitán, se perdió. Nadó y se ahogó durante setenta años y cuando llegó la tormenta naufragó el barco. Murieron el Capitán y todos los corsarios. Y en tierra de nuevo tras setenta años, sola, se asomó al espejo y vio que su reflejo era mar. ¡Sola hubiera podido flotar! Y ahora era náufraga buscando una isla en la que descansar…

Claudia González Thomson